La preparación de una sesión de matemáticas: decisiones invisibles, impacto real

¿Qué es lo primero que te viene a la mente cuando te preparas para la próxima sesión? Preparar una buena clase de matemáticas requiere mucho más «espacio mental» de lo que la gente se imagina. Especialmente cuando las matemáticas son solo una de las muchas asignaturas que gestionamos en nuestro día a día.
Sin embargo, esta fase de anticipación (Smith y Stein, 2016), a menudo invisible desde fuera, es determinante. La preparación es el cimiento; tiene un impacto directo en la calidad de las oportunidades de aprendizaje que se generarán después en el aula. Por eso, antes de ver qué ocurre en clase, vamos a detenernos en cómo prepararla para sacarle todo el jugo.
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Nuestra hoja de ruta: la guía didáctica
Cuando queremos llevar una actividad a clase, es importante anticipar, tener claros los objetivos y las soluciones, las estrategias, las interacciones que podrán surgir. Actualmente, hay diferentes propuestas basadas en evidencias científicas y hechas por maestros expertos que nos pueden ayudar a hacer este trabajo a través de las guías didácticas.
¡Pero cuidado! Como pasa en la lectura de cualquier texto, leer y comprender no son lo mismo, y requieren un nivel de esfuerzo diferente. Las tendremos que leer a consciencia. No es lo mismo saber de qué va la actividad que comprender el objetivo de aprendizaje, el concepto matemático que se va a trabajar, anticipar dificultades, planificar la gestión del tiempo y de las posibles conversaciones matemáticas, conectar con los conocimientos previos de los alumnos… Esta diferencia determina directamente la riqueza de la sesión y aumenta las posibilidades de que los alumnos aprovechen al máximo las oportunidades de aprendizaje generadas.
Por eso, la preparación de la sesión es clave: exige ir más allá de la guía didáctica y apoyarse en una base de conocimiento matemático, didáctico y pedagógico (incluida la gestión de aula). Y esto, a su vez, requiere espacios y recursos específicos de formación docente que permitan transformar «lo que pone» en la guía en decisiones de enseñanza efectivas.
Cómo prepararse con sentido una sesión
Para ponernos en situación, imaginemos que mañana nos toca una sesión cuyo objetivo de aprendizaje es trabajar la longitud con unidades de medida no convencionales.
Resumen de la actividad
En esta sesión, los alumnos miden objetos del entorno utilizando el cuerpo y constatan diferencias en las unidades empleadas.
- En gran grupo, van a medir la longitud de la pizarra con el cuerpo.
- En pequeños grupos, van a medir la longitud de las mesas con diferentes partes del cuerpo.
- Individualmente, van a medir la longitud de diferentes objetos en el cuaderno.
Aquí te propongo algunos puntos para pasar de una simple lectura de la guía a su comprensión:
1. Contextualizar:
¿De dónde venimos? Antes de adentrarnos en la actividad de hoy, miremos atrás: ¿Han trabajado anteriormente conceptos de medida? ¿Han comparado objetos directamente? Saber esto nos permite conectar el nuevo reto con lo que ya saben, dándoles seguridad y sentido, ya que una situación de aprendizaje es potencialmente rica cuando permite conectar con conocimientos previos de los alumnos y generar nuevo conocimiento.
2. Definir «las gafas» del docente:
Los objetivos de aprendizaje están escritos, sí, pero nosotros debemos comprenderlos profundamente. Es decir, ir dos pasos por delante de lo que debe aprender el alumno y dominar las estrategias didácticas que le ayudarán a comprender.
En esta sesión de medida, ¿qué busco realmente? Como docente, debo tener claro que antes de medir con unidades convencionales e instrumentos, el alumnado se aproxima a la idea de medir desde la comparación directa e indirecta y, después, desde el uso de unidades no convencionales, como los palmos o los pies. En esta fase, surge la necesidad de consensuar el uso de unidades e instrumentos. Si no tengo presente esta trayectoria de aprendizaje, es fácil que la preparación se convierta en una suma de decisiones aisladas.
Y no nos olvidemos de los procesos matemáticos. Si, como docente, no comprendo qué significa resolver problemas o razonar, seguramente no lo promoveré en el aula y no formularé preguntas para hacer emerger estos procesos (¿por qué?, ¿cómo lo has pensado?, ¿qué crees que pasará si…?, ¿por qué pasa esto?…).
3. Anticipación:
Aquí aparece un punto verdaderamente decisivo: anticiparse a lo que puede venir en el aula. Entender qué actividades se proponen en el cuaderno del alumno, qué preguntas podemos hacer, qué situaciones pueden surgir. Esto nos permite tener el futuro más presente.
Para ponerlo en práctica te propongo algunas acciones:
Resuelve las actividades previamente: por ejemplo, si cuando intento medir la pluma del cuaderno con las pinzas de la ropa me doy cuenta de que la pinza se puede colocar de maneras diferentes, esto determinará la unidad de medida y puede generar una conversación rica en el aula.
Prevé cómo usarás el espacio para realizar la actividad: ¿la guía te propone sacar a los alumnos a la pizarra? ¿Sentarse en el suelo para trabajar en círculo?…
Ten muy claros cuáles son los momentos clave de la sesión, las preguntas clave que vas a realizar o cuándo prestarás especial atención a las intervenciones de los alumnos (¡es imposible estar alerta durante toda la sesión!).
- Visualiza cómo se va a distribuir la clase y qué nos dice la guía sobre ello: ¿Cómo distribuimos el tiempo? ¿Empezamos en gran grupo y luego pasamos a pequeños grupos? ¿En qué momento exacto repartimos el material para que no sea un elemento de distracción? Tener claro cómo vamos a guiar esta exploración es vital para que se generen el máximo de oportunidades de aprendizaje.
Una vez tenemos este esquema mental claro, los objetivos definidos y las posibles dificultades anticipadas… ¡Estamos listos para entrar en aula!
Entramos en las aulas
Y aparece la gran pregunta: ¿lo que imaginamos antes de empezar se parece a lo que acaba pasando de verdad? Pues veamos esta sesión que llevé a cabo:
La sesión arranca con un reto: ¿cuántos niños vamos a necesitar para medir la longitud de la pizarra? Lo que buscamos aquí no es solamente que conjeturen, sino que nos justifiquen el porqué: cómo lo han pensado. Y después comprobarlo.
Pero, ¿qué pasa cuando la situación cambia? Por ejemplo, si en lugar de colocarse juntos, los niños se sitúan separados. Antes de comprobarlo, les lanzo la pregunta: «¿Qué creéis que pasará ahora?». Y aquí vuelven a aparecer conjeturas. Los niños piensan y justifican sus respuestas antes de comprobarlas. Mientras argumentan, yo ofrezco el vocabulario matemático preciso y les ayudo a asociar cada idea con una palabra. Este paso es importante, porque es difícil usar el término correcto si nadie te da las palabras para hacerlo.
Después de este primer diálogo en gran grupo, propongo actividades para seguir experimentando, pero esta vez en grupos reducidos. Y un punto importante. Limito el tiempo de experimentación a 5 minutos. De esta manera, promuevo que los niños busquen las estrategias más eficientes para resolver la situación.
Y después de un buen rato de conversación, de conjeturar, argumentar, comprobar las conjeturas y conectar ideas, llega el momento del trabajo individual en los cuadernos. Justo en este momento decido darles el cuaderno, y no antes. Así controlo el material que utilizan los alumnos en cada momento. Y después del registro individual, se acabó la sesión.
Y una vez termina la sesión, ¿qué?
En la práctica docente, el hábito de reflexionar es clave: preguntarse por qué los alumnos muestran errores o dificultades concretas, preguntarse si estas están relacionadas con los modelos didácticos que usamos, conocer otros modelos que ayuden a evitar esos errores o dificultades… Sabemos que los tiempos no ayudan a desarrollar este hábito y que hacerlo individualmente tampoco es sencillo, pero no por ello hay que dejar de hacerlo.
Por eso, para cerrar con el artículo, quiero mostrarte mi reflexión con dos gráficos que resumen lo que sucedió en el aula. No espero que tengas que hacerlos tú siempre que terminas las sesiones. En absoluto. Pero ahora me ayudan a reflejar las preguntas y reflexiones que deberíamos hacernos al terminar una clase.
En este primer gráfico, podemos hacer una comparación clara entre la duración de cada actividad que proponía la guía didáctica, la que planeamos y la que sucedió realmente. Como podemos ver, el tiempo de conversación después de medir la pizarra se alargó más de lo previsto, porque el reto terminó generando un diálogo muy rico y decidí no cortarlo. Eso hizo que al final tuviera que reducir el tiempo a 5 minutos para contrastar estrategias de como habían medido la mesa.
Me habría gustado hacer un cierre final de la sesión completa, ese en el que compartimos estrategias finales e institucionalizamos cuáles han sido las más eficaces. Aun así, los objetivos de aprendizaje se han cumplido, y sé que es un contenido que van a retomar en un futuro.
En este segundo gráfico se refuerzan varias ideas. Por un lado, a nivel de contenidos, aunque el foco era la medida, fueron apareciendo de manera natural muchas conexiones entre conceptos de numeración y cálculo.
En cuanto a los procesos, surgieron oportunidades para trabajar tres de ellos (Razonamiento y prueba, Resolución de problemas, Conexiones). Por otro lado, si nos fijamos en el tipo de interacciones, se observa el juego de agrupaciones, que me permitió crear distintos niveles de comunicación matemática (reflexión individual, diálogo entre iguales y discusiones en gran grupo guiadas por el maestro).
Y eso nos deja una conclusión sencilla pero importante: planificar y anticiparse es clave, pero aún más lo es saber adaptarse. Conocer bien al grupo, entender qué necesitas trabajar, preparar el camino y marcarte objetivos de aprendizaje claros te da la seguridad para flexibilizar tiempos sin perder rumbo.
Preguntas para reflexionar sobre tu sesión
Para cerrar, finalizo con unas cuantas preguntas que te puedes hacer para mirar tu sesión con más intención y para prepararte las siguientes:
¿Cuánto han hablado los alumnos? ¿Cuánto he hablado yo como docente?
¿Cómo han sido las intervenciones de los alumnos? ¿Han sido para preguntar qué tienen que hacer, por ejemplo? ¿O han sido para compartir razonamientos? ¿Para compartir estrategias?
¿Cómo han sido mis intervenciones como maestra? ¿He invertido gran parte del tiempo en explicar? ¿O gran parte del tiempo he estado cuestionando?
¿El grupo ha logrado el objetivo de aprendizaje? ¿Qué porcentaje no lo ha logrado? ¿Un 20%? ¿Un 50%?
¿Cuál es el impacto de no «haberlo comprendido»? ¿Era la primera sesión en la que trabajaban el contenido? ¿O ya lo habían trabajado en varias sesiones y los alumnos siguen mostrando dificultades? ¿Cuánto me he alejado o acercado a la preparación de la sesión? ¿He tomado decisiones con criterio?
Si quieres profundizar más, te recomiendo ver este webinario, en el que analizamos la sesión completa y observamos puntos de mejora:
Y aquí toda la lista de reproducción completa para que puedas entrar a más aulas de matemáticas🙂
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