«Pensar que en infantil no hacemos matemáticas es el mito más extendido que debemos romper»

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Judith Fábrega, maestra de educación infantil, doctora en «curriculum and instruction» por la University of Florida
Judith Fábrega ha dedicado su trayectoria a construir puentes entre el aprendizaje matemático y la educación en la etapa de infantil. Es una fiel defensora de romper mitos y demostrar que, para los más pequeños, aprender matemáticas es una experiencia rica, profunda y fundamental para asentar las bases que darán sentido a todo su desarrollo futuro.
Judith, ¿cómo decidiste dedicarte a la educación matemática en la etapa de infantil?
Siempre había sabido que quería ser maestra de infantil. Pero, en mi último año de instituto, mi profesor de matemáticas, que también era mi mentor, me dijo: “Judith, tienes unas notas excelentes, eres muy buena en mates. ¿Por qué lo malgastas? ¿Por qué no haces la carrera de Matemáticas?”. Aquella fue la primera vez que alguien me hizo sentir que la educación infantil “era insuficiente”.
Empecé matemáticas y me encantaba, era un reto muy divertido, pero no me veía siendo profesora de instituto; mi corazón me decía que debía estar con los más pequeños. A mitad de carrera me pasé a Educación Infantil y desde el primer día vi que aquel era mi lugar.
¿Y cómo conseguiste unir estos dos mundos?
Una vez en la carrera de educación infantil, me di cuenta de que muchas de mis compañeras y futuras maestras odiaban las matemáticas. Había pasado de un mundo (el de las matemáticas) donde la etapa de infantil no existía, a otro donde las mates se odiaban. Sabía que, si no les gustaban, difícilmente las llevarían a sus aulas. Allí encontré mi pasión: tenía que hacer de puente y llevar unas matemáticas ricas y significativas a la etapa de infantil.
¿Qué significa exactamente “hacer matemáticas” con niños de 3, 4 y 5 años?
Significa aprovechar aquello que los niños ya hacen de manera natural: descubrir, probar y hacer preguntas. Ellos son curiosos por naturaleza y constantemente preguntan “¿por qué?”. Hacer matemáticas en infantil es resolver problemas, dejarlos explorar y usar esas preguntas para guiarlos, en lugar de darles la respuesta directamente.
Si queremos que entiendan un triángulo, no debemos decirles simplemente “esto es un triángulo”, sino proporcionarles los materiales para que, de manera guiada, descubran sus características y, después, ayudarlos a dar nombre a lo que han aprendido.
¿Qué mitos hay que desmontar actualmente sobre el aprendizaje de las matemáticas en infantil?
El mito más extendido es creer que en la etapa de infantil “no hacemos matemáticas”, pensando que el aprendizaje real ya llegará en primaria o secundaria. Y esto no es cierto: hacemos matemáticas muy importantes y profundas. Este primer encuentro es vital para determinar cómo se verán ellos mismos en un futuro.
Hace poco, en una formación en Estados Unidos, una maestra me dijo: “No me gustan las matemáticas, por eso enseño en infantil”. Esa frase me rompió el corazón, porque implica una percepción negativa de ella misma que seguramente transmitirá a sus alumnos y porque reduce el aprendizaje matemático de infantil a un puro trámite.
¿Cuál es el origen de la ansiedad matemática que sienten muchas personas?
Los niños no nacen con ansiedad matemática ni tienen miedo a equivocarse. Esta ansiedad se desarrolla a través de las interacciones con los adultos, cuando interiorizan la idea de que en matemáticas solo se puede estar “correcto” o “incorrecto”.
Recuerdo observar un aula donde los niños clasificaban bloques lógicos. La maestra le preguntó a un alumno: “¿Por qué has puesto esta pieza aquí?” con la intención de que argumentara. Pero el niño se paralizó y enseguida quiso cambiarla de lugar; él ya había asumido que si la maestra le preguntaba “por qué”, era porque se había equivocado. Debemos centrarnos más en el razonamiento y no solo en el resultado final.
Hablas mucho del juego en tus formaciones. ¿Qué importancia tiene en el aula?
No deberíamos separar el “tiempo de juego” del “tiempo de aprendizaje”. El rato de juego es, en realidad, un rato de aprendizaje. Jugar es la manera en que los niños se comunican, aprenden y entienden el mundo. Las maestras debemos ponernos nuestras “gafas matemáticas” y ver qué matemática podemos extraer de su juego, ya sea de manera libre o guiada.
Como sociedad, ¿qué retos tenemos hoy en día respecto a los niños?
Me preocupa mucho la irrupción de la tecnología en su juego libre. Tengo un hijo de 10 años y he visto cómo ha cambiado la manera en que los niños se relacionan hoy en día. Los niños necesitan tiempo para ser niños: necesitan jugar al aire libre, trepar los árboles y, muy importante, necesitan aburrirse. El aburrimiento es el motor de la creatividad.
A las familias siempre les digo: no os preocupéis tanto tanto por hacerles hacer deberes en casa; jugad con ellos, usad juegos de mesa, leed cuentos o cocinad juntos. En estos momentos hay muchas oportunidades matemáticas.
¿Cómo te imaginas tu aula de infantil ideal?
Para empezar, una clase con menos alumnos, para poder dedicar tiempo de calidad a crear un vínculo real con cada uno de ellos. También me imagino una clase sin puertas, donde el interior y el exterior sean un mismo espacio de aprendizaje donde los niños puedan salir libremente. Un espacio lleno de luz donde se sientan seguros y bienvenidos para escoger qué quieren hacer.
¿Qué le dirías a una maestra que acaba de empezar?
Que confíe en ella misma y en sus alumnos. Si tú te sientes capaz y confías en que ellos también lo son, todo fluye. Querer a tus alumnos no es hacerlo todo por ellos, es saber que son capaces de hacer cosas difíciles. No será perfecto el primer día y es normal; lo importante es intentarlo poco a poco y cuidar los unos de los otros.
Para acabar, ¿cuál ha sido la clase de tu vida?
Cualquier aula donde estoy presente se convierte en la clase de mi vida en ese momento. Pero recuerdo una especial: mis primeras prácticas universitarias en un aula de dos años. Ver cómo aquella maestra confiaba en los alumnos y les daba libertad y espacio para ser ellos mismos cambió por completo mi manera de entender la educación.