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Llevas más de tres décadas enfocada a cambiar la manera en que el mundo vive las matemáticas. Háblanos de tu trayectoria.
Empecé como profesora de instituto en California, después fui directora de matemáticas en un distrito escolar y, junto con Jo Boaler, cofundé Youcubed, el proyecto de la Stanford Graduate School of Education que promueve una visión creativa y humana de la enseñanza matemática. He dedicado toda mi vida profesional a poner la investigación y la neurociencia al servicio del infinito potencial del alumnado.
Echando la vista atrás, ¿qué momentos te hicieron darte cuenta de que las matemáticas podían enseñarse —y vivirse— de una forma tan distinta?
Cuando empecé a enseñar, trabajaba en un instituto con alumnos cuya primera lengua no era el inglés. La dinámica de clase cambió el día que les pedí que me explicaran su manera de llegar al resultado. Aprendí muchísimo de ellos.
Más adelante, ya como directora del distrito escolar, me dediqué a la formación de maestros. Allí tuve una experiencia transformadora: cinco días de trabajo con veinticinco docentes en una zona rural de California, donde se hablaban veinte idiomas diferentes. Fue una de las experiencias más mágicas de mi carrera.
Ambas situaciones me marcaron y me enseñaron el poder de las matemáticas cuando se construyen desde lo comunitario.
Tendemos a pensar en las matemáticas como un ejercicio individual. ¿Por qué insistes tanto en su dimensión colectiva?
Las matemáticas nos ayudan a hablar de cómo vemos el mundo, y esa visión la construimos trabajando juntos. Las matemáticas son un verdadero espacio para jugar, donde la colaboración y la comunicación son esenciales. Es como bajar al patio. Si logramos reunirnos, plantear buenos problemas, abrir las conversaciones adecuadas, aportar la investigación en didáctica y neurociencia…, todo eso nos ayuda a pensar y jugar matemáticamente en un entorno seguro, porque habrá quedado claro que la forma en que cada uno ve las cosas importa.
En las aulas, incluso entre los profesores, escuchamos a menudo la frase «No soy una persona de matemáticas». ¿Por qué crees que es tan común y cómo podemos ayudar a alumnos —y maestros— a desaprenderla?
Muchos maestros no recuerdan experiencias positivas con las matemáticas cuando eran niños, y eso es terrible. Somos producto de un sistema. Lo que realmente ayuda a maestros y alumnos a cambiar esa mirada son unas matemáticas más «juguetonas», más amables; también plantear problemas de suelo bajo y techo alto que les permitan creer que su manera de ver las cosas importa de verdad.
Así, ¿todos podemos hacer matemáticas?
Rotundamente sí. Durante años, en Estados Unidos se creía que algunas personas nacían con un «cerebro matemático» y otras no. Eso es completamente falso. Si un niño no consigue resolver un problema, no hay ninguna razón para pensar que no tiene un cerebro matemático. De hecho, si creemos que no podrá hacerlo, somos nosotros quienes tenemos que cambiar la mirada. Como adultos, es nuestro deber descubrir qué tipo de apoyo necesita ese niño para acercarse al problema. ¡Él está exactamente donde debe estar en su camino! Simplemente, no está listo para resolverlo de esa forma… todavía. En la enseñanza de las matemáticas, el poder del «todavía» es transformador.
Si pudieras cambiar una cosa sobre cómo la sociedad percibe las matemáticas, ¿cuál sería?
Mi verdadera esperanza es que un día podamos entrar en un Starbucks o cualquier cafetería y la gente no quiera salir corriendo si surge una conversación sobre matemáticas. Me encantaría vivir en un mundo donde todos saben que son capaces de pensar matemáticamente, donde una charla sobre matemáticas no despierta viejos recuerdos de miedo o frustración. Cualquier cosa que nos acerque a ese escenario será bienvenida. Quiero ayudar a los niños y niñas a crecer confiando en su potencial matemático.
¿Qué cosas a tu alrededor te han dado esperanza últimamente?
No solo cada vez hay más investigación, sino que a nivel social percibo un cambio profundo en cómo pensamos lo que son las matemáticas. La gente confía cada vez más en su yo matemático. Es una nueva forma de estar en el mundo.