Por qué la educación necesita evidencia científica
Esta semana hemos compartido los resultados de dos estudios independientes, uno en el estado de Nueva Jersey (Estados Unidos), otro en Río de Janeiro (Brasil), que midieron el impacto de Innovamat en aulas donde docentes y alumnos trabajan con nuestro programa, en comparación con otras aulas que no lo utilizan. Para quienes aún no los hayan visto, los resultados son prometedores. Los alumnos cuyos docentes trabajaron con Innovamat obtuvieron mejores resultados en matemáticas, y detrás de esos datos está el esfuerzo diario de miles de docentes que han hecho posible que el programa cobrara vida en sus aulas. Este artículo trata de una convicción que tenemos desde el primer día, sobre el papel que la investigación científica debe tener en la educación, por qué creemos que esta forma de actuar es más necesaria que nunca y hacia dónde queremos ir.
De la investigación al aula: tender puentes
La investigación sobre cómo aprenden matemáticas los niños ha avanzado mucho en las últimas décadas. Sabemos más que nunca sobre la secuenciación adecuada de contenidos, sobre el rol del docente, sobre cómo se construye el pensamiento matemático. Y sin embargo, llevar todo ese conocimiento al aula sigue siendo uno de los grandes retos colectivos de la educación. Hay una enorme oportunidad por delante: tender puentes entre la investigación y la práctica docente para que ese saber acumulado pueda florecer en las aulas.
Tender esos puentes es un camino que se recorre paso a paso, con paciencia y convicción. Implica evolucionar la práctica docente, invertir en formación, estar con los docentes hombro con hombro, acompañándolos, y atravesar juntos una etapa de aprendizaje antes de ver los resultados. De hecho, las dos investigaciones que hemos publicado muestran que los resultados florecen en el segundo año de implementación; el primero es el de adaptación y aprendizaje del docente.
La ciencia en el centro: Una decisión fundacional
Cuando fundamos Innovamat, decidimos que nuestro motor sería ayudar a que los niños aprendan mejor las matemáticas. Por eso, nuestra primera decisión fue buscar y aliarnos con Cecilia Calvo y Laura Morera, doctoras en didáctica de las matemáticas que unían el rigor científico de la universidad con su experiencia como profesoras en activo en Primaria y Secundaria. Desde el primer día han formado parte del equipo de liderazgo de Innovamat, y su criterio es decisivo en la estrategia y propuesta de la compañía. Más allá de aportar contenido y recursos, dan forma a la manera en que entendemos la enseñanza de las matemáticas.
Lo que construimos a partir de su trabajo tiene una identidad propia: una secuenciación distinta, modelos matemáticos basados en investigación y un enfoque que potencia y reconoce el papel del docente como motor del aprendizaje. Todo ello con mucho acompañamiento personalizado a los miles de docentes con los que trabajamos, desde observaciones de aula, formaciones ad hoc y la creación de comunidades de práctica en todos los territorios donde trabajamos.
Pero hay algo que nos ha sorprendido y que reafirma nuestra convicción: muchos docentes no solo aceptan este enfoque, sino que lo abrazan. Compartimos con ellos la misma ilusión de seguir avanzando para que cada niño y cada niña pueda aprender mejor las matemáticas. Nuestra labor es, en buena medida, acompañar esa convicción que ya llevan dentro y que es la fuerza que impulsa cualquier transformación. Gracias a esa voluntad de miles de docentes, y al liderazgo de Cecilia y Laura dentro de Innovamat, hemos encontrado la manera de poner la investigación al servicio del aula.
La investigación en educación es una carrera de fondo
Los docentes en el corazón de nuestra propuesta
La investigación concluye que el docente es el factor de la escuela más determinante en el aprendizaje del alumno, por encima de los recursos, los materiales o el programa elegido. Son ellos quienes dan vida a los contenidos, quienes construyen en el aula las condiciones necesarias para que el aprendizaje ocurra de verdad. Sabemos que las brechas de aprendizaje matemático (de género, por nivel socioeconómico) se agrandan conforme el alumnado avanza; y también sabemos que un docente bien acompañado tiene el poder de reducirlas. Eso lo confirma la investigación, pero también lo sabe cualquiera que recuerde a los maestros y maestras que marcaron su vida.
Por eso en Innovamat dedicamos tiempo y recursos de asesores matemáticos para formar y acompañar a los docentes. Y con esa misma vocación formativa diseñamos nuestras guías, pensadas no solo para llevarse al aula, sino también para acompañar al docente y explicarle el porqué de cada decisión didáctica. No como añadido, sino como parte esencial de lo que somos. Porque creemos que formar bien a un docente es multiplicar nuestro impacto. Y porque un docente podrá dar lo mejor de sí cuando tiene buenas condiciones para ejercer, el tiempo necesario para reflexionar, una comunidad que le acompaña y el reconocimiento que merece. Un sistema educativo que cuida a sus docentes multiplica su propio potencial.
Nuestro compromiso con el impacto
Desde el primer día, en Innovamat hemos querido que nuestro trabajo tenga un impacto real y positivo en lo que ocurre en el aula. Publicamos materiales, elaboramos guías y desarrollamos recursos, sí; pero todo eso forma parte de un propósito más amplio, que es acompañar a docentes, equipos directivos y escuelas en su tarea diaria de enseñar matemáticas.
Esa convicción nos lleva a algo esencial para nosotros, que es medir lo que hacemos y ser transparentes. Esa es la lógica que hay detrás de los estudios que hemos publicado esta semana. Queremos conocer el impacto real de nuestro trabajo, junto con los docentes que confían en nosotros, para seguir aprendiendo y mejorando cada día.
Por eso somos una organización educativa con un propósito claro, el de poner todo nuestro empeño en que cada docente cuente con los mejores recursos y el mejor acompañamiento para hacer su trabajo, y en que cada niño y cada niña pueda aprender matemáticas de verdad.
El camino que queremos recorrer acompañados
Evaluar el impacto de los programas educativos es un terreno que la educación, como sector, todavía está construyendo. Para que estos estudios puedan realizarse con todo el rigor que merecen, hace falta seguir consolidando una cultura común de compartir datos anonimizados de aprendizaje del alumnado y un ecosistema que facilite evaluaciones externas e independientes de los programas que se usan en las aulas. Es un reto colectivo en el que queremos aportar, y trabajamos cada día para contribuir a que así sea. Los estudios que publicamos esta semana son una muestra de que es posible.
Por eso quiero terminar con una invitación. A investigadores e investigadoras de todo el mundo que trabajan en educación matemática, aprendizaje o políticas educativas: queremos colaborar con vosotros. A universidades, centros de investigación, administraciones y fundaciones que compartan esta visión: nos gustaría explorar cómo construirlo juntos.
Lo que hemos publicado esta semana nos llena de energía y de responsabilidad. El camino que tenemos por delante es exigente y apenas acaba de empezar. Y lo queremos recorrer junto a docentes, alumnos, familias, investigadores e instituciones que comparten esta convicción.
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